Los errores más habituales al comprar alpargatas son: elegir mal la talla (el esparto apenas cede), ignorar si la suela lleva goma, no mirar la calidad del trenzado, comprarlas para usarlas con lluvia, descuidar la pala y dejarse llevar solo por el precio. Evitarlos es la diferencia entre un verano y varios.
1. Equivocarse de talla
A diferencia de la piel, el esparto y la lona ceden muy poco. Una alpargata justa seguirá justa, así que ante la duda conviene la talla que sujeta sin apretar desde el primer momento.
2. Olvidar la suela de goma
Una fina capa de goma bajo el esparto multiplica la vida de la alpargata en ciudad y mejora el agarre. Sin ella, el esparto se desgasta enseguida sobre el asfalto.
3. No mirar el trenzado
Un esparto bien trenzado y rematado aguanta; uno con hilos sueltos o cosido flojo empieza a deshacerse en semanas. Merece la pena revisar la base y los laterales antes de pagar.
4. Usarlas con lluvia o humedad
El esparto es un material noble pero delicado con el agua. No son calzado de lluvia ni de playa mojada: si se empapan, se deforman. La alpargata es heredera directa de las sandalias de esparto que se consideran el calzado más antiguo de Europa, y como aquellas, pide suelo seco.
5. Descuidar la pala
El tejido que cubre el pie debe ser transpirable y estar bien cosido a la suela. Una pala rígida o mal rematada roza y resta toda la comodidad que prometía la alpargata.
6. Comprar solo por precio
Una alpargata muy barata suele serlo por el esparto, el cosido o la pala. No hace falta gastar mucho, pero sí mirar esos tres puntos: es lo que separa un par que dura de uno que decepciona.



