Antes de guardar las alpargatas: limpia la pala con un paño húmedo, deja secar completamente a la sombra (no al sol ni con calor), rellena la puntera con papel de seda —no de periódico, que mancha— y guárdalas en una bolsa de tela o caja con agujeros. No las metas en plástico ni en un cajón hermético: el esparto necesita respirar para no enmohece.
Paso a paso
1. Limpia antes de guardar
Quita el polvo y la suciedad superficial de la pala con un paño ligeramente húmedo. Si hay manchas de sudor en la plantilla, aplica una mezcla de agua y un chorrito de vinagre blanco con un algodón y deja actuar cinco minutos antes de retirar. El sudor acumulado puede degradar la piel y el esparto si se guarda sin limpiar.
2. Seca completamente
Ningún calzado debe guardarse con humedad. Deja airear las alpargatas durante al menos 24 horas a la sombra, en un lugar ventilado. El sol directo puede amarillear el esparto y resecar la piel.
3. Rellena la puntera
El papel de seda arrugado (o un foulard suave) mantiene la forma de la pala y evita que se aplaste durante meses. No uses papel de periódico: la tinta puede manchar los forros blancos.
4. Almacenamiento
Una bolsa de tela o caja de cartón con agujeros es ideal. El plástico hermético crea humedad y acelera la aparición de moho en el esparto. Un poco de papel de seda extra alrededor de la suela ayuda a que no se rayen entre pares si guardas varios juntos.
5. Lugar seco y oscuro
Evita el baño (demasiada humedad), el sótano húmedo y los cajones sin ventilación. Un armario con algo de circulación de aire es suficiente.
El mismo protocolo funciona para sandalias de piel y para cualquier calzado de esparto o materiales naturales.


